El Servicio Federal de Protección de Rusia acaba de imponer una regla insólita: cualquier funcionario que entre a una reunión privada con Vladimir Putin debe entregar su reloj de pulsera antes de pasar. Da igual si es mecánico o electrónico, todos quedan afuera.
La medida entró en vigor a mediados de abril de 2026, según fuentes del Kremlin filtradas a medios rusos. Los teléfonos llevaban años prohibidos, ahora se suman los relojes. Sin tiempo, sin señal, sin rastros.
Las pruebas saltan a la vista en los videos oficiales. Gobernadores como Yevgeny Pervyshov de Tambov o Artyom Zdunov de Mordovia aparecieron con las muñecas vacías frente a Putin, aunque normalmente usan reloj. Hasta el director general de KamAZ, Sergey Kogogin, se presentó sin uno.
Lo más curioso pasó con Ramzan Kadyrov. Putin olvidó quitarse su propio reloj y se lo tapó con la mano izquierda durante casi cuatro minutos frente a las cámaras. Un detalle que pasó a la historia del Kremlin.
Detrás de todo esto hay un temor concreto: un informe de inteligencia europea reveló que Putin teme un golpe de Estado o un intento de asesinato con drones por parte de su propia élite política. La sombra de su excolaborador Sergei Shoigu aparece entre los nombres que más preocupan al líder ruso.
La paranoia se extiende: cocineros, guardaespaldas y fotógrafos cercanos al presidente tienen prohibido viajar en transporte público, sus casas están bajo videovigilancia y los empleados solo pueden usar teléfonos sin internet. La regla del reloj, eso sí, no aplica al círculo íntimo de Putin.
